Yusuf ibn Tashfin
El conquistador almorávide. Yusuf ibn Tashfin pertenecía a los lamtuna, tribu velada del Sahara occidental que se había unificado bajo el predicador malikí Ibn Yasin en la década de 1050 para construir un movimiento religioso y militar en torno a la pureza doctrinal y la guerra santa contra los reinos berberes laxos del Magreb. En 1062 fundó la nueva capital del imperio, Marrakech; para 1080 controlaba el Magreb desde Argel hasta el Atlántico.
La llamada andalusí llegó tras Toledo (1085). Al-Mu’tamid de Sevilla, al-Mutawakkil de Badajoz y Abd Allah zirí de Granada, agobiados por las parias castellanas y temerosos de la presión de Alfonso VI, solicitaron auxilio almorávide. Yusuf cruzó el estrecho en julio de 1086 con un ejército mixto de bereberes saharauis y andalusíes; el 23 de octubre infligió a Alfonso VI la mayor derrota peninsular del siglo en Sagrajas (Zalaca, cerca de Badajoz), forzándolo a retirarse al Tajo. La operación inicial era defensiva — Yusuf regresó al Magreb dejando guarniciones —, pero en 1090 volvió con instrucciones distintas: tras observar el sistema fiscal taifa, las cortes de poetas y los pactos vasalláticos con cristianos, dictaminó que los reyes andalusíes no merecían el título de musulmanes y obtuvo fatuas malikíes que justificaban su deposición.
Entre 1090 y 1094 anexionó las taifas una a una: Granada (1090), Sevilla (1091, deportación de al-Mu’tamid a Aghmat), Badajoz (1094, decapitación de al-Mutawakkil y sus hijos), Almería, Murcia, Denia. Solo Zaragoza (hudíes) y Albarracín se mantuvieron autónomas. Yusuf gobernó desde Marrakech un imperio que abarcaba el sur peninsular, todo el Magreb y partes del Sáhara, hasta su muerte en septiembre de 1106 a los noventa años. Dejó a su hijo Ali un estado vasto pero estructuralmente frágil: la unión de al-Ándalus y el Magreb bajo doctrina malikí estricta había desplazado a los letrados andalusíes y resentía a los muladíes urbanos, semilla de la fragilidad almorávide ante la futura ofensiva almohade.