Ali ibn Yusuf
Segundo emir almorávide, hijo y heredero de Yusuf ibn Tashfin. Su reinado de treinta y siete años marcó el cénit territorial del imperio almorávide y, simultáneamente, el comienzo de su decadencia interna. Heredó un estado que abarcaba desde Senegal hasta el Ebro y mantuvo su unidad mediante un sistema riguroso de gobernadores, parientes y comandantes velados que respondían directamente a Marrakech.
Su primera década fue expansiva. Anexionó Zaragoza tras la batalla de Valtierra (1110), donde cayó al-Musta’in II hudí, completando la absorción taifa que su padre había iniciado. Pero Alfonso I el Batallador de Aragón contraatacó: tomó Zaragoza el 18 de diciembre de 1118 tras un asedio de siete meses, y entre 1125 y 1126 dirigió una expedición espectacular que llegó hasta Granada y Vélez sin tomar ciudad alguna pero marcando la vulnerabilidad almorávide en el norte.
La crisis estructural llegó por el sur. En 1121 el predicador bereber Ibn Tumart, formado en Bagdad y Damasco, comenzó a denunciar a los almorávides como herejes desviados del islam puro y proclamó la mahdiyya, su misión mesiánica. Su discípulo Abd al-Mu’min organizó el movimiento almohade desde el Atlas Alto. Para los años 1140 los almohades dominaban el sur del Magreb y avanzaban sobre Marrakech; en al-Ándalus, las grandes ciudades — Córdoba, Sevilla, Valencia — empezaron a rebelarse contra los gobernadores almorávides. Ali murió en septiembre de 1143 dejando a su hijo Tashfin un imperio en colapso doble: cristiano por el norte, almohade por el sur.