Sebastião I
o Desejado
Sebastião I fue rey de Portugal desde su nacimiento, aunque en sus primeros años el poder correspondió a regentes. El epíteto «o Desejado» —el Deseado— refleja la expectativa con que la corte y el reino aguardaron el nacimiento de un heredero varón que garantizara la continuidad de la dinastía de Avís: sus padres murieron jóvenes y él mismo llegó al mundo póstumo a su padre. Fue el heredero largamente esperado que terminó por convertirse en el origen de la crisis más profunda de la monarquía portuguesa.
Educado por los jesuitas, desarrolló una personalidad marcada por el fervor militar y religioso. Su negativa a contraer matrimonio, a pesar de las insistentes presiones de la corte y de sus aliados europeos, dejó el problema de la sucesión sin resolver durante todo su reinado. La empresa que lo consumió fue una expedición a Marruecos en apoyo del sultán pretendiente Abu Abdallah Mohammad II, con la que pretendía extender la presencia portuguesa en el norte de África bajo la forma de una cruzada.
La batalla de Alcácer Quibir el 4 de agosto de 1578 fue una catástrofe militar sin precedentes: el ejército portugués fue aniquilado, y en el campo quedaron los cadáveres o los rastros de los tres reyes —Sebastião, el sultán aliado y el sultán combatido—. El cuerpo de Sebastião nunca fue recuperado con certeza, lo que alimentó la leyenda del «sebastianismo»: la creencia popular de que el rey no había muerto y regresaría en un día de niebla para redimir a Portugal. El mito se convirtió en una forma de resistencia cultural contra la posterior dominación española y pervivió durante siglos.