Sancho Garcés IV
el de Peñalén
Sancho Garcés IV accedió al trono en un momento en que Navarra había perdido ya la Rioja frente a Fernando I de Castilla, reduciendo el reino a su núcleo pirenaico y prepirenaico. Su reinado de veintidós años estuvo marcado por la presión de Castilla al oeste y Aragón al este, dos reinos que habían crecido notablemente mientras Navarra se contraía.
El episodio que define su figura en la memoria histórica fue su muerte en 1076: según las crónicas, fue arrojado desde el peñasco conocido como Peñalén en una conspiración en la que participó su hermano Ramón. Las fuentes no detallan con precisión los motivos ni todos los actores implicados, pero el resultado fue la eliminación violenta del rey sin que existiera un heredero claro en condiciones de reclamar el trono.
La consecuencia política fue inmediata y duradera. En ausencia de un sucesor Jiménez de la línea directa, Alfonso VI de Castilla y Sancho Ramírez de Aragón actuaron con rapidez: Aragón absorbió el núcleo del reino y sus reyes portarían desde entonces el título de rey de Aragón y Pamplona, mientras Castilla se quedaba con los territorios occidentales. Navarra como entidad política autónoma desapareció durante casi seis décadas, hasta que en 1134, con la muerte de Alfonso I el Batallador sin descendencia directa, la nobleza navarra pudo reconstituir el reino bajo un nuevo linaje.