Sancho IV
el Bravo
Sancho IV accedió al poder de facto antes de morir su padre: fue el motor de la rebelión nobiliaria de 1282 contra Alfonso X, a quien desplazó del gobierno efectivo dos años antes de su muerte. La historiografía ha debatido la legitimidad de su acceso —Alfonso X había desheredado a los hijos de su primogénito fallecido en favor de los llamados “infantes de la Cerda”— y la violencia con que trató a su padre en los últimos años de su vida forma parte del relato negro de su trayectoria.
Como rey, Sancho IV mantuvo las aspiraciones de expansión hacia el sur. La toma de Tarifa en 1292, junto con fuerzas aliadas meriníes del norte de África, fue el hito militar más significativo de su reinado: Tarifa controla el estrecho de Gibraltar y su posesión castellana tenía implicaciones estratégicas de primer orden. El episodio heroico de Guzmán el Bueno, que según la tradición entregó su cuchillo antes que rendir la plaza durante el sitio posterior, pertenece ya al relato mítico de este período.
Sancho IV murió en 1295, a los treinta y siete años, de tuberculosis. Dejó un hijo menor de edad —el futuro Fernando IV— y una esposa, María de Molina, que se convertiría en una de las figuras más hábiles de la política castellana, gobernando el reino en regencia durante una minoría extraordinariamente difícil.