Sancho I
el Craso
Sancho I es uno de los personajes más llamativos de la historia leonesa del siglo X, aunque en parte por razones ajenas a la política. Su epíteto, “el Craso”, hace referencia a la obesidad extrema que las crónicas le atribuyen y que habría afectado a su capacidad para montar a caballo, lo que en un contexto de monarquía guerrera tenía implicaciones políticas y simbólicas.
Accedió al trono en 956 a la muerte de su hermano Ordoño III, pero fue depuesto apenas dos años después por una coalición nobiliaria encabezada por Fernán González de Castilla, que instaló en el trono a Ordoño IV. El episodio siguiente es notable: Sancho viajó al califato de Córdoba para someterse a tratamiento médico ante el médico judío Hasday ibn Shaprut, consejero del califa Abd al-Rahman III. La naturaleza pragmática de la diplomacia medieval se refleja bien aquí: Sancho negoció su restauración con apoyo cordobés a cambio de cesiones territoriales, y regresó a León en 960 para desalojar a Ordoño IV.
Sancho I gobernó hasta 966, cuando murió —envenenado según las crónicas— sin que la sucesión estuviera consolidada. Su hijo Ramiro III accedió al trono siendo aún un niño, lo que abriría años de regencia y debilitamiento del poder regio frente al embate de Almanzor.