Ordoño IV
el Malo
Ordoño IV fue rey de León durante un período de apenas dos años como resultado de una maniobra de la nobleza castellana. Hijo de Alfonso IV el Monje —el rey que había abdicado y luego intentado recuperar el trono, siendo cegado por ello— Ordoño accedió al poder en 958 gracias al apoyo de Fernán González, conde de Castilla, que buscaba un candidato alternativo a Sancho I para reforzar su propia posición.
El reinado de Ordoño IV careció de base propia. Cuando Sancho I regresó de Córdoba con apoyo diplomático y militar del califato de Abd al-Rahman III, la coalición que sostenía a Ordoño se disolvió rápidamente. Ordoño huyó hacia el norte y después a Córdoba, donde murió en torno a 962. El epíteto “el Malo”, presente en las fuentes cronísticas, refleja la valoración negativa que le aplicó la historiografía posterior comprometida con la legitimidad de la línea de Ramiro II.
Ordoño IV es una figura menor en la historia leonesa, cuyo reinado solo tiene interés como indicador de la fragilidad de las instituciones monárquicas y del peso decisivo que la nobleza magnaticias y el propio califato cordobés tenían sobre la sucesión regia leonesa en este período.