Ramiro III
Ramiro III accedió al trono leonés en 966 siendo un niño, a la muerte de su padre Sancho I. La regencia correspondió a su madre Teresa Ansúrez, que gobernó el reino durante los primeros años. Su reinado coincidió con el ascenso de Almanzor (al-Mansur, “el Victorioso”), el hajib que desde finales de los años setenta ejerció el poder efectivo en el califato cordobés en nombre del califa menor Hisham II.
Las grandes campañas de Almanzor contra los reinos del norte comenzaron en 977 y se prolongarían hasta su muerte en 1002. Ramiro III no tuvo capacidad para articular una defensa efectiva: las incursiones andalusíes alcanzaron Zamora, Coimbra y otras ciudades del reino de León causando destrucción sistemática. La nobleza leonesa y gallega, descontenta con la gestión del rey, apoyó la candidatura de Bermudo —primo de Ramiro, de línea diferente— que le fue arrebatando el control del territorio a partir de 982.
Ramiro III fue depuesto efectivamente en 984 y se retiró a Galicia, donde murió poco después. Su reinado representa el período de mayor vulnerabilidad del reino de León frente a la potencia militar del califato en su último período de esplendor.