Ramiro I
Hijo de Bermudo I el Diácono, accedió al trono tras la muerte sin descendencia de Alfonso II, pero no de forma pacífica: el conde palatino Nepociano, casado con una hermana del rey muerto, intentó hacerse con la corona y fue derrotado por Ramiro en la batalla de Cornellana (842). El nuevo rey ordenó cegar a Nepociano, una pena habitual en la sucesión visigoda y carolingia para anular jurídicamente al rival sin matarlo.
Su reinado de ocho años produjo el conjunto monumental que define visualmente al prerrománico asturiano: Santa María del Naranco — antiguo aula regia o pabellón civil reconvertido en iglesia — y San Miguel de Lillo, ambas en las laderas del monte Naranco a las afueras de Oviedo. Son las piezas mejor conservadas y de mayor sofisticación arquitectónica del reino, con bóvedas de cañón pétreas y decoración escultórica de modelo bizantino-visigótico.
En 844 una flota vikinga atacó la costa gallega y Ramiro consiguió rechazarla en La Coruña, según las crónicas tras un desembarco musulmán fallido — primera referencia documentada a los hombres del norte en aguas peninsulares. También sofocó una rebelión interna encabezada por los magnates Aldroito y Piniolo, que también fueron cegados. Murió enfermo en 850, dejando el trono a su hijo Ordoño.