Pedro IV
Pedro IV de Portugal es una de las figuras más singulares de la historia ibérica del siglo XIX: el mismo hombre que proclamó la independencia del Imperio de Brasil en 1822 —como Pedro I— heredó el trono de Portugal cuatro años más tarde, a la muerte de su padre João VI, y lo ocupó durante apenas dos meses. La simultaneidad de dos coronas —una americana, una europea— era jurídicamente insostenible y políticamente explosiva.
Su brevísimo reinado portugués produjo, sin embargo, un texto de consecuencias duraderas: la Carta Constitucional de 1826, un diseño intermedio entre el absolutismo y el constitucionalismo doctrinario, inspirado parcialmente en la Carta francesa de 1814. Pedro abdicó en favor de su hija Maria —de siete años— con la condición de que se casase con su tío Miguel y que este jurase la Carta. La condición era una trampa política que su hermano no tardó en desactivar.
Tras abdicar también en Brasil en 1831, Pedro regresó a Europa con un ejército liberal, organizó la campaña desde las Azores y condujo la guerra contra Miguel I hasta la victoria. La Convención de Évora-Monte (1834) selló el fin de la guerra civil y el exilio definitivo de su hermano. Pedro murió en Lisboa ese mismo año, a los treinta y cinco, de tuberculosis, días después de haber visto restaurado el trono de su hija. Los portugueses lo llaman también el Libertador o el Rei-Soldado.