Pedro IV
el Ceremonioso
Pedro IV el Ceremonioso fue el monarca más longevo de la Corona de Aragón medieval: gobernó cincuenta y un años (1336-1387) en un período de crisis y transformación que incluye la Peste Negra, las guerras con Castilla y la derrota definitiva de la nobleza insurrecta. El epíteto refleja su obsesión por el protocolo y la etiqueta de corte, plasmada en las Ordenaciones del Palau, un tratado ceremonial que regulaba con precisión inusitada los rituales de la monarquía aragonesa.
Los primeros años de su reinado estuvieron dominados por el conflicto con la Unión Aragonesa y la Unión Valenciana, coaliciones nobiliarias que exigían ampliar sus privilegios y limitar el poder real. El enfrentamiento culminó en la batalla de Épila (1348): Pedro IV venció, y según la crónica ordenó que el documento de la Unión fuera destruido y que la herida causada por sus fragmentos en la mano del rey sellara el acto con sangre real. Fue el fin de la capacidad de la nobleza aragonesa de imponer sus condiciones al rey por la fuerza. Ese mismo año, la Peste Negra llegó a sus dominios con virulencia devastadora.
En el exterior, reconquistó el reino de Mallorca en 1344 —arrebatándoselo a Jaime III en un conflicto dinástico— y sostuvo la larga guerra de los dos Pedros con Castilla (1356-1375), enfrentamiento con Pedro I el Cruel que alteró profundamente la demografía y la economía de las zonas fronterizas. En los últimos años de su reinado concertó el matrimonio de su hijo Martín con María de Sicilia, nieta del último rey siciliano de la línea aragonesa, reincorporando la isla a la órbita de la Corona en el reinado siguiente.