Pedro III
el Grande
Pedro III el Grande gobernó solo nueve años, pero su reinado tuvo consecuencias que duraron generaciones. La clave estaba en su matrimonio con Constanza de Sicilia, hija del rey Manfredo de Sicilia y nieta del emperador Federico II de Hohenstaufen: a través de ella, Pedro III era el heredero legítimo de los Hohenstaufen en Italia meridional. Cuando en 1266 Carlos de Anjou derrotó y mató a Manfredo con bendición papal, la reclamación aragonesa quedó latente pero real.
El detonante fue la revuelta de las Vísperas Sicilianas, el 30 de marzo de 1282: la población siciliana se alzó contra la dominación angevina en uno de los episodios de violencia más concentrados de la historia medieval mediterránea. Masacrados los soldados franceses, los sicilianos llamaron a Pedro III, que estaba con su flota en el norte de África. Pedro cruzó el Mediterráneo y fue proclamado rey de Sicilia. La consecuencia fue una guerra total: el papa Martín IV lo excomulgó y convocó una cruzada, el rey de Francia organizó una expedición que penetró en Cataluña por los Pirineos, y la Corona de Aragón se encontró sola frente a una coalición pontificia y francesa.
La guerra fue ganada. El almirante Roger de Lauria derrotó sucesivamente a las escuadras angevinas en el Mediterráneo. La invasión francesa fue frenada y diezmada por el ejército aragonés y por las enfermedades. Pedro III murió en noviembre de 1285, agotado pero victorioso; sus hijos heredaron Sicilia y Aragón por separado, iniciando una larga disputa dinástica que marcaría el Mediterráneo occidental durante décadas.