Pedro I
Pedro I completó en su primer año de reinado el objetivo que había obsesionado a su padre: la conquista de Huesca. En 1096, la batalla de Alcoraz —victorioso combate contra las fuerzas de la taifa de Huesca y sus refuerzos almorávides— abrió el camino a la ciudad. Huesca cayó ese mismo año y se convirtió en la nueva capital del reino, sustituyendo a Jaca; con ella, Aragón obtenía su primera ciudad de cierta envergadura y un símbolo del avance cristiano hacia el Ebro.
El reinado de Pedro I fue relativamente breve pero consolidó lo ganado por Sancho Ramírez: tomó Barbastro definitivamente en 1100 y afirmó el control aragonés sobre el curso del Cinca. La frontera con la taifa de Zaragoza permanecía activa, pero la gran ciudad del Ebro quedaba todavía fuera de alcance.
Murió en 1104 sin hijos legítimos. El trono pasó a su hermano Alfonso, que había recibido una formación militar y política sólida y que llevaría el reino a su máxima extensión territorial antes de la unión con el condado de Barcelona.