Miguel I
Miguel I ejerció el poder en Portugal durante seis años como monarca de facto con base absolutista, en uno de los períodos de mayor polarización política de la historia moderna portuguesa. Su trayectoria es inseparable de la contradicción constitucional abierta por la Carta de 1826: designado regente y prometido de su sobrina Maria II con la condición de respetar la Carta, Miguel convocó en su lugar una asamblea de estados que le aclamó rey absoluto en agosto de 1828, invocando los derechos históricos de la monarquía anterior a cualquier texto constitucional.
El régimen miguelista contó con un apoyo social real y amplio, especialmente entre el clero, la nobleza de provincial y sectores del campesinado que desconfiaban de las reformas liberales. Su carácter no fue solo el de una dictadura impuesta, sino el de una opción política con raíces sociales específicas, lo que convirtió el conflicto con el bando liberal en una guerra civil propiamente dicha, conocida como las Guerras Liberales o guerra da Patuleia. El bando miguelista controló la mayor parte del territorio continental durante el conflicto; fue la intervención militar organizada desde las Azores por su hermano Pedro IV, con apoyo financiero británico, la que inclinó definitivamente la balanza.
La Convención de Évora-Monte de mayo de 1834 puso fin a la contienda: Miguel I fue exiliado, con prohibición de regresar y pensión vitalicia. A diferencia de otros pretendientes derrotados, nunca renunció formalmente a sus derechos dinásticos ni al título real, lo que alimentó una corriente miguelista que persistió durante décadas como factor de inestabilidad política en Portugal.