Pedro V
el Esperanzador
Pedro V accedió al trono en 1853 con quince años, bajo regencia de su padre Fernando II durante los primeros años, y se convirtió en uno de los monarcas más admirados de la historia moderna portuguesa a pesar —o quizás debido— de la brevedad de su reinado. Educado en los valores del liberalismo reformista y con sólida formación científica, Pedro V identificó las deficiencias estructurales del país e intentó resolverlas mediante un programa metódico de modernización de infraestructuras: red ferroviaria, líneas de telégrafo, carreteras, sanidad pública.
Las iniciativas sanitarias y asistenciales fueron especialmente características de su gobierno: reformó la Casa Pia de Lisboa, impulsó la construcción de hospitales y apoyó a la Sociedade das Ciências Médicas. Esta dedicación a la salud pública resultó irónica en términos biográficos: en el otoño de 1861 una epidemia de fiebre tifoidea se extendió por la corte y mató al rey y a dos de sus hermanos en pocas semanas. Tenía veinticuatro años.
La muerte de Pedro V generó una reacción colectiva de duelo y mitificación que la literatura portuguesa recogió durante décadas. Eça de Queirós, entre otros, lo retrató como el rey que Portugal necesitaba y no pudo tener: ilustrado, modesto, dedicado al bien común, cortado antes de que sus reformas pudieran madurar. Esta imagen —en parte construida, en parte justificada por los datos— convirtió su reinado truncado en un referente moral del liberalismo monárquico portugués.