Maria I
la Piadosa
Maria I fue la primera monarca regnante reconocida de Portugal con plenos derechos de soberanía. Su acceso al trono en 1777 a la muerte de José I no estuvo exento de tensión: la ley sálica no regía en Portugal, pero la tradición de gobierno femenino directo era escasa, y su esposo Pedro III —su propio tío materno— compartió nominalmente el título real hasta su muerte en 1786. A su subida al trono, uno de sus primeros actos fue destituir al marqués de Pombal, que había gobernado durante el reinado de su padre, y revisar parte de su obra reformadora, especialmente en lo relativo a los jesuitas y a la nobleza perseguida.
El reinado de Maria I atravesó dos fases radicalmente distintas. La primera, hasta 1792, fue de gobierno activo aunque conservador; la segunda, desde la crisis mental que la incapacitó progresivamente, quedó en manos de su hijo João como regente. Los historiadores han especulado sobre la naturaleza de su enfermedad —posible porfíria, como la que afectó a Jorge III de Gran Bretaña en el mismo período—, pero las fuentes contemporáneas describen episodios de angustia religiosa intensa y colapso funcional que la mantuvieron alejada del gobierno durante sus últimos veinticuatro años.
La invasión francesa de 1807, al mando del general Junot, obligó a tomar una decisión sin precedentes: toda la familia real portuguesa embarcó hacia Brasil bajo escolta naval británica, trasladando la sede de la monarquía a Río de Janeiro. Maria I realizó el viaje en estado de postración avanzada y murió en la corte trasatlántica en 1816, sin haber regresado a la metrópoli. Su traslado a Brasil, sin embargo, tuvo consecuencias históricas de largo alcance que se prolongarían en el reinado de su hijo.