José I
el Reformador
El reinado de José I está dominado por la figura de su primer ministro, Sebastião José de Carvalho e Melo —elevado a marqués de Pombal en 1769—, que ejerció el poder ejecutivo de forma casi autónoma durante veintisiete años. El propio rey, de carácter reservado y escasa vocación de gobierno, delegó la gestión del Estado en Pombal con una confianza que no se vio cuestionada hasta los últimos años del reinado.
El acontecimiento más catastrófico fue el terremoto del 1 de noviembre de 1755: el seísmo, el maremoto y los incendios subsiguientes destruyeron más de dos tercios de Lisboa y mataron decenas de miles de personas. Pombal respondió con una energía notable: organizó los socorros de emergencia, dirigió la reconstrucción sistemática de la Baixa —el barrio bajo de Lisboa— según un trazado ortogonal y antisísmico que aún define la ciudad, y aprovechó el caos para reforzar su posición política frente a los grupos aristocráticos y eclesiásticos rivales.
La expulsión de los jesuitas en 1759 —la primera en Europa— inauguró un proceso que se extendería al resto de las monarquías católicas. Las reformas pombalinas alcanzaron también al comercio colonial (creación de compañías monopolísticas para el comercio con Brasil y África), a la educación (reforma de la Universidad de Coímbra en 1772) y a la estructura estamental (declaración de igualdad jurídica de los cristãos-novos, supresión de la distinción entre «velho» y «novo» cristão). A la muerte de José I, su hija y sucesora Maria I destituyó a Pombal y revisó parte de su obra, pero el impulso reformador había dejado una impronta duradera en las instituciones portuguesas.