Juan II
Juan II de Castilla reinó durante cuarenta y ocho años —uno de los reinados más largos de la historia castellana— sin que su figura personal destacara especialmente en ninguno de ellos. Accedió al trono siendo un bebé a la muerte de Enrique III, y la minoría fue gestionada por su madre Catalina de Lancaster y su tío Fernando de Antequera, quien acabó siendo elegido rey de Aragón en 1412 (Compromiso de Caspe) y abandonó la regencia castellana.
El rasgo definitorio del reinado de Juan II fue la privanza de Álvaro de Luna. Este noble de origen modesto se convirtió en el hombre fuerte de Castilla durante décadas: condestable del reino, maestre de Santiago, árbitro de la política interior y exterior. Su ascenso generó una resistencia permanente de la alta nobleza —especialmente los infantes de Aragón, primos del rey— que se tradujo en conflictos armados, alianzas cambiantes y una inestabilidad estructural que caracterizó el período. La corte de Juan II fue, sin embargo, un centro cultural notable: el rey era aficionado a la poesía y la música, y en su entorno florecieron figuras como Juan de Mena, el Marqués de Santillana y otros poetas del prerrenacimiento castellano.
La caída de Álvaro de Luna llegó en 1453, impulsada por la nueva reina Isabel de Portugal, segunda esposa de Juan II. Luna fue arrestado, procesado sumariamente y ejecutado en Valladolid. El rey murió al año siguiente, en 1454, dejando como heredero a Enrique, su hijo del primer matrimonio, y a la futura Isabel, del segundo.