João V
el Magnánimo
João V presidió el período de mayor esplendor económico de la monarquía bragantina, sostenido por el flujo de oro y diamantes de Minas Gerais. El descubrimiento de los yacimientos auríferos de Brasil a finales del siglo XVII convirtió a Portugal en uno de los reinos más ricos de Europa durante la primera mitad del XVIII, y João V volcó esa riqueza en un mecenazgo monumental que transformó Lisboa y las principales ciudades portuguesas.
El símbolo más visible de ese impulso es el palacio-convento de Mafra, iniciado en 1717 como voto por el nacimiento de un heredero: una estructura colosal que requirió décadas de obra y decenas de miles de trabajadores, y que situó a Portugal en el circuito de la arquitectura barroca europea de alto rango. La Academia Real de História, fundada en 1720, refleja el mismo impulso de proyección cultural. La diplomacia pontificia fue igualmente activa: el concordato de 1716 elevó Lisboa a sede patriarcal independiente de las iglesias portuguesa y española, y en 1748 el papa Benedicto XIV concedió a João V el título de «Fidelíssimo» para la Corona, reconocimiento que sus sucesores seguirían utilizando.
La otra cara del reinado es el gasto suntuario descontrolado y la escasa atención a las estructuras productivas internas. A la muerte de João V en 1750, el ciclo del oro brasileño comenzaba a declinar y Portugal carecía de una economía manufacturera capaz de absorber el impacto. Fue la herencia que recibió su hijo José I y que Pombal trataría de resolver mediante un programa de reformas drásticas.