Jaime II
el Justo
Jaime II el Justo gobernó la Corona de Aragón durante treinta y seis años en una época de extraordinaria actividad diplomática. Había sido rey de Sicilia desde la muerte de su hermano Alfonso III en 1291, reuniendo así los dos dominios de su padre; pero la situación no era estable. El papado y los Anjou presionaban para recuperar Sicilia, y en 1295 Jaime II firmó el Tratado de Anagni, por el que renunció a la isla a cambio de reconocimiento papal y otros beneficios. El problema fue que su hermano Federico, que gobernaba Sicilia como regente, se negó a aceptar la cesión y fue proclamado rey por los sicilianos. La isla quedó fuera del control de Jaime II, aunque no de la órbita aragonesa.
El gran logro territorial de su reinado fue la conquista de Cerdeña en 1324. La isla había sido concedida teóricamente a la Corona de Aragón por el papa Bonifacio VIII en 1297 como compensación por la renuncia siciliana; Jaime II tardó décadas en ejecutar la operación militar. La Cerdeña aragonesa fue, sin embargo, un problema persistente: la resistencia local y los intereses de las repúblicas italianas de Pisa y Génova hicieron del dominio sardo una de las posesiones más costosas de mantener.
Jaime II fue también uno de los monarcas que más trabajó para codificar y ordenar la administración interna de sus territorios; el epíteto el Justo refleja una imagen de rey ordenancista que las fuentes coetáneas cultivaron. Murió en Barcelona en 1327 y le sucedió su hijo Alfonso IV.