Felipe III
Felipe III delegó el gobierno efectivo en su valido el duque de Lerma en una medida que sus contemporáneos y los historiadores posteriores han visto como una abdicación práctica de las responsabilidades reales. El sistema de gobierno por privanza —en el que un favorito del rey asumía el papel de primer ministro con poderes amplísimos— se institucionalizó durante su reinado y se prolongó bajo sus sucesores.
La decisión más drástica del reinado fue la expulsión de los moriscos entre 1609 y 1614. Los moriscos eran los descendientes de los musulmanes que habían permanecido en la Península tras las conquistas y que se habían convertido al cristianismo en las décadas anteriores, muchos de ellos manteniendo en privado prácticas islámicas. La expulsión afectó a entre 275.000 y 300.000 personas y tuvo consecuencias económicas y demográficas apreciables, especialmente en el reino de Valencia, donde la población morisca era significativa en la agricultura.
La Tregua de los Doce Años de 1609 con las Provincias Unidas neerlandesas fue un reconocimiento tácito de que el conflicto en los Países Bajos no podía resolverse militarmente. Ofreció un respiro al erario pero no cerró el problema: cuando la tregua expiró, en 1621, el conflicto se reanudó en el contexto de la Guerra de los Treinta Años.