Blanca I
Blanca I fue la única hija de Carlos III el Noble que sobrevivió hasta la edad adulta y heredó la corona de Navarra. Había sido casada en primeras nupcias con Martín el Joven de Sicilia —hijo del rey Martín I de Aragón—, que murió en 1409 sin haber dejado heredero. En segundas nupcias, su padre la casó en 1420 con Juan de Aragón, hijo del infante Fernando I y futuro rey de Aragón, estableciendo así un vínculo que tendría consecuencias profundas para el reino navarro.
Accedió al trono en 1425 a la muerte de su padre. Gobernó con la colaboración de su esposo Juan, pero la primacía del gobierno fue la suya como reina propietaria. La corte de Olite, que su padre había convertido en un foco de cultura gótica, continuó su actividad bajo su reinado.
La cuestión sucesoria fue el gran drama de su reinado y de las décadas siguientes. Blanca I redactó su testamento especificando que la corona correspondía a su hijo Carlos de Viana y que Juan II no podría retenerla. Esta voluntad expresa sería ignorada por su esposo tras la muerte de Blanca, generando el conflicto conocido como la “guerra civil navarra” entre el bando de los Agramonteses (favorables a Juan II) y los Beaumonteses (favorables al príncipe Carlos de Viana).