Carlos IV
Príncipe de Viana
Carlos de Viana es uno de los personajes más trágicos de la historia navarra y aragonesa del siglo XV: un rey legítimo que nunca pudo reinar. Heredó el trono de Navarra a la muerte de su madre Blanca I en 1441, según el testamento explícito de esta, y juró los fueros ante las Cortes navarras en el acto formal de toma de posesión que lo constituía jurídicamente rey. Sin embargo, su padre Juan II —rey de Aragón desde 1458— rechazó cederle el gobierno efectivo y lo mantuvo apartado del poder durante veinte años.
El conflicto entre padre e hijo fue el motor de la guerra civil navarra entre los bandos Beaumontés (fiel a Carlos) y Agramontés (fiel a Juan II), que desgarró el reino durante décadas. En 1460, Juan II hizo detener a su propio hijo, desencadenando una reacción popular sin precedentes en Cataluña: el Compromiso de Vilafranca de 1461 condicionó la liberación del príncipe a que Juan II aceptara severas limitaciones de su poder en el Principado.
Carlos fue liberado pero murió en Barcelona en septiembre de 1461, posiblemente de tuberculosis, sin haber gobernado Navarra un solo día. La sospecha de envenenamiento circuló de inmediato pero carece de base documental sólida. Escritor e intelectual de formación humanista —tradujo a Aristóteles al castellano y escribió la Crónica de los reyes de Navarra—, dejó una impronta cultural que contrastaba con su impotencia política. Las Cortes de Navarra nunca revocaron su legitimidad; él es, en el orden de sucesión, Carlos IV.