Alfonso VII
el Emperador
Alfonso VII, hijo de Urraca I y Raimundo de Borgoña, accedió al trono leonés-castellano en 1126. Su reinado de treinta años es uno de los más activos de la historia medieval del noroeste cristiano y culminó en 1135 con su coronación solemne como “Imperator totius Hispaniae” en la catedral de León, en presencia de reyes, condes y obispos de varios reinos. El título imperial no tenía equivalente institucional con el Sacro Imperio Romano Germánico: era una reivindicación de supremacía sobre los demás soberanos peninsulares, cristiana y musulmanes, y se fundamentaba en una larga tradición leonesa de uso de la titulación imperial.
Durante su reinado Alfonso VII aprovechó el debilitamiento del imperio almorávide —que entró en crisis en la segunda mitad del siglo XII— para ampliar las posiciones del reino hacia el sur. En 1147, en coalición con fuerzas catalano-aragonesas, genovesas y portuguesas, tomó temporalmente Almería. También reconoció la independencia del condado de Portugal, gobernado por Alfonso Henriques, como entidad política diferenciada dentro de su esfera. Su reinado es el período de mayor extensión territorial y presencia internacional del reino leonés-castellano antes de la división de 1157.
Al morir en 1157 durante el regreso de una campaña andaluza, Alfonso VII dividió el reino entre sus dos hijos: Sancho recibió Castilla y Fernando León. La decisión reprodujo el error dinástico de su bisabuelo Fernando I y desencadenó décadas de rivalidad y conflicto entre los dos reinos. La unión no se restauraría hasta 1230, bajo Fernando III.