Alfonso II
el Casto
Alfonso II inauguró una nueva etapa política: fue el primer soberano que gobernó simultáneamente como rey de Aragón y conde de Barcelona, dando entidad real a la unión que el tratado de 1137 y la abdicación de Petronila habían hecho posible. Su reinado de treinta y cuatro años fue el tiempo de consolidación de esa nueva entidad compuesta en la que reinos y condados conservaban sus instituciones propias bajo un mismo soberano.
En política peninsular, el Tratado de Cazola (1179) con Alfonso VIII de Castilla delimitó las zonas de expansión de ambas coronas hacia el sur: los territorios al este del río Júcar serían para la Corona de Aragón; los del oeste, para Castilla. Este acuerdo reservó a Aragón el camino hacia Valencia y el Mediterráneo, y fijó una línea divisoria que condicionaría la expansión de las dos coronas durante décadas.
Alfonso II fue también un promotor de la cultura occitana. Su corte fue uno de los focos de la lírica trovadoresca en la Península, y el propio rey compuso en lengua provenzal. Este mecenazgo no era solo estético: era una forma de proyección de poder en el espacio occitano, donde la Corona de Aragón mantenía intereses y alianzas con señoríos y condados al norte de los Pirineos.