Abd al-Rahman II
El emir cultural. Cuarto omeya independiente, gobernó treinta años durante los cuales el emirato adoptó la sofisticación administrativa y palatina del califato abasí de Bagdad: cancillería con burócratas especializados, nuevo registro fiscal, ceremonial cortesano protocolizado, ceca propia (la Madinat al-Andalus que figura en sus dirhams), correo organizado. Mantuvo trece aceifas anuales contra León y la Marca Hispánica, levantó la muralla de Sevilla y reforzó las fortificaciones del Tajo y el Duero.
Su episodio más recordado fue el asalto vikingo a Sevilla en septiembre de 844: una flota de unos ochenta navíos remontó el Guadalquivir, saqueó la ciudad, y solo fue contenida tras semanas de combate por las tropas cordobesas, que recuperaron Sevilla y persiguieron a los normandos hasta su retirada. Tras el episodio se construyeron las primeras atarazanas andalusíes y se reforzó la flota.
En cultura, su corte recibió al músico iraquí Ziryab (Abu l-Hasan ibn Nafi’), llegado de Bagdad hacia 822, que reformó la música andalusí con la quinta cuerda del laúd, fijó protocolos de mesa, peinado y vestuario, y abrió un conservatorio que estabilizaría la escuela musical de al-Ándalus. En lo religioso, los Mártires de Córdoba — un grupo de cristianos liderados por Eulogio y Álvaro que buscaban activamente la pena capital insultando al profeta — generaron una crisis menor pero memorable, episodio único de tensión confesional en un periodo por lo demás de convivencia ordenada. Murió en septiembre de 852 dejando un emirato próspero y un modelo cortesano que perduraría hasta la fitna.