Juan I
Juan I nació el 15 de noviembre de 1316 y murió cinco días después, el 19 de noviembre, sin llegar a ejercer el gobierno. Fue proclamado rey de Navarra y de Francia en el momento de su nacimiento, siendo el único monarca de la historia francesa que reinó desde el instante de nacer. Su existencia, aunque brevísima, tuvo una importancia jurídica y dinástica extraordinaria.
El neonato era el hijo póstumo de Luis I, y su nacimiento ponía en juego la sucesión de dos coronas. La pregunta que se planteaba era si una mujer podía heredar el trono de Francia —la llamada “ley sálica”— o si la hija mayor de Luis I, Juana, tenía derechos a ambas coronas. La muerte de Juan I en cinco días resolvió el problema inmediato pero dejó abierta la disputa: su tío Felipe asumió las coronas como Felipe II de Navarra y Felipe V de Francia, desplazando a la joven Juana, cuya reclamación echaría raíces y acabaría fructificando décadas más tarde en la figura de Juana II.
El brevísimo reinado de Juan I es un caso singular en la historia peninsular y europea: un rey que nunca pudo reinar, pero cuya existencia y muerte determinaron el rumbo dinástico de dos reinos durante generaciones.