Hisham III
al-Mu'tadd bi-Llah
El último califa de Córdoba. Tras la sucesión caótica de Muhammad III al-Mustakfi, el segundo califato hammudí de Yahya ibn Ali (1025-1026) y un periodo de dos años sin califa entre 1026 y 1027, los notables cordobeses recurrieron a Hisham ibn Muhammad, biznieto de Abd al-Rahman III, que vivía retirado en Levante. Lo proclamaron en abril o mayo de 1027 con el laqab al-Mu’tadd bi-Llah, «el firme en Dios».
Hisham III heredó un califato vaciado. Las grandes ciudades — Sevilla, Toledo, Zaragoza, Almería, Valencia — funcionaban ya como taifas independientes; el tesoro estaba exhausto, la administración rota, y los partidos cordobeses pugnaban por las migajas del poder. Su gobierno se sostuvo cuatro años a base de equilibrios cada vez más precarios. La crisis final llegó en noviembre de 1031: una revuelta urbana provocada por la avaricia del visir al-Hakam ibn Sa’id, que había acaparado tributos, derivó en asalto al alcázar. La asamblea de notables cordobesa se reunió el 30 de noviembre de 1031 y decretó la abolición del califato. Hisham III fue conducido al exilio en la taifa de Lérida, donde moriría hacia 1036.
El gobierno de Córdoba pasó a una junta presidida por Yahwar ibn Muhammad, que adoptó la fórmula republicana — sin proclamar nuevo califa ni nuevo emir — y convirtió la antigua capital en una taifa más. La estructura imperial omeya, levantada por Abd al-Rahman I en 756 y elevada al rango califal por Abd al-Rahman III en 929, terminaba después de trescientos veintidós años. Los reinos de taifas heredarían el espacio, los almorávides lo unificarían transitoriamente, y la unidad política plena no volvería ya a al-Ándalus.