García Sánchez I
García Sánchez I accedió al trono siendo niño, por lo que los primeros años de su largo reinado —que se extendería cuarenta y cinco años— estuvieron bajo la regencia de su madre Toda de Aznar y de sus tíos maternos. La reina madre fue una figura política de primer orden: su capacidad de maniobra diplomática, incluyendo el viaje a Córdoba que hizo posible el tratamiento médico del rey leonés Sancho I el Craso, muestra la envergadura de las redes de relación que Pamplona mantenía con el califato.
La relación con Córdoba fue el eje exterior del reinado. Abd al-Rahman III, ya califa desde 929, impuso su hegemonía sobre los reinos del norte mediante campañas militares y demostraciones de poder; García Sánchez I optó en algún momento por reconocer una relación de vasallaje o tributación que evitara invasiones devastadoras. Esta fue una estrategia compartida con otros reinos norteños y respondía a la desproporción de fuerzas entre Pamplona y el califato en su momento de máximo esplendor.
Murió en 970 tras un reinado que, a pesar de su larga duración, no produjo grandes expansiones territoriales pero consolidó la estructura interna del reino.