Alfonso V
Alfonso V accedió al trono leonés en 999 siendo un niño, a la muerte de su padre Bermudo II. La regencia efectiva correspondió al conde Menendo González y a su esposa Mayor, que gobernaron el reino durante la primera fase. Su reinado coincidió con la muerte de Almanzor en 1002 y el colapso posterior del califato cordobés, lo que redujo drásticamente la presión militar sobre el norte y abrió un período de recuperación.
El legado más duradero de Alfonso V son los Fueros de León de 1017, uno de los primeros cuerpos normativos medievales de la Península Ibérica. Las fueros regularon las relaciones entre el rey, la Iglesia, la nobleza y los habitantes de la ciudad de León, estableciendo derechos y obligaciones de forma escrita. Su importancia no reside tanto en su sofisticación jurídica como en el hecho mismo de codificar por escrito el derecho local en un período en que el poder regio comenzaba a articularse de forma más institucional.
Alfonso V murió en 1028 durante el asedio de Viseu, en el territorio que hoy es Portugal, alcanzado por una flecha disparada desde las murallas. La circunstancia de su muerte —en campaña, ante una plaza que resistía— ilustra el tipo de guerra de fronteras que definía la política exterior leonesa tras el colapso del califato. Le sucedió su hijo Bermudo III.