Wifredo I
el Velloso
Wifredo I, llamado el Velloso por la tradición catalana, es el fundador histórico y legendario del linaje condal barcelonés. En 878, el rey carolingio Luis el Tartamudo le otorgó los condados de Barcelona y Gerona —uniéndolos a Urgell y Cerdaña, que ya gobernaba— en lo que fue un reconocimiento de su papel como señor fronterizo eficaz en la Marca Hispánica. La concentración de varios condados en manos de una misma familia estableció el precedente de la hegemonía barcelonesa sobre el nordeste peninsular.
La relevancia histórica de Wifredo el Velloso no reside tanto en sus acciones —escasamente documentadas— como en lo que representó: el inicio de una continuidad dinástica ininterrumpida que duraría casi tres siglos. A diferencia de los condes carolingios anteriores, Wifredo y sus sucesores gobernaron de facto como señores autónomos, transmitiendo los condados de padre a hijo sin someterse a la designación regia franca. La independencia carolingia no fue un acto único de ruptura, sino el resultado de una progresiva autonomía que culminaría en Borrell II a finales del siglo X.
La leyenda de las barras de sangre —según la cual Wifredo recibió el escudo rayado con la sangre de sus heridas de guerra de manos del propio monarca carolingio— es una elaboración posterior, sin base documental, que ilustra bien el papel fundacional que la tradición catalanista le ha asignado. Murió en combate en 897.