Fortún Garcés
Fortún Garcés fue el último rey de la dinastía Arista, y su reinado estuvo marcado desde el inicio por una circunstancia excepcional: había sido capturado por Abd Allah, emir de Córdoba, probablemente hacia 880, cuando aún no había accedido al trono, y permaneció como rehén en Córdoba durante aproximadamente veinte años. Esta larga ausencia dejó el reino en manos de regentes o de una dirección colectiva durante un período crítico.
Cuando fue liberado y pudo gobernar de manera efectiva, la situación política había cambiado. Los Banu Qasi, la familia aliada de los Arista, estaban en declive frente a la presión cordobesa. La base de poder que había sostenido a la dinastía Arista se estaba erosionando, y la nobleza pamplonesa buscaba un liderazgo más sólido. En 905, Fortún Garcés fue depuesto —las fuentes no especifican el mecanismo exacto, si fue violento o una abdicación forzada— y reemplazado por Sancho Garcés I, cuya procedencia Jiménez inaugura la segunda y más duradera dinastía del reino de Pamplona.
Fortún Garcés se retiró al monasterio de Leyre tras su deposición, donde murió en fecha incierta. Con él termina la línea Arista; su hija Oneca, que había estado también en Córdoba como rehén, había casado con Abd Allah, lo que creó vínculos de sangre entre las dos cortes.